Hoy fue un día terrible. Emocionalmente devastador. Uno de esos días en los que quisieras solamente caminar hasta el fin del mundo. Al oscurecer, me dormí en dos ocasiones deseando que el día terminara de una buena vez y en ambas ocasiones fuí despertado momentos después de haber conciliado difícilmente el sueño. En este momento, nuevamente no puedo dormir. Y, apretando fuertemente mi almohada sobre mi cabeza, llegó una imagen de una vieja foto que probablemente murió chamuscada junto a todas las otras fotos de mi infancia cuando se incendió la casa de mi madre. En esa foto se veían tres parejas de niños: la reina de la primaria al centro quien se llama Lizbeth y estaba en segundo al igual que su estúpido y aburrido acompañante; a su izquierda (a la derecha de la foto) otra pareja de niños de segundo año, quienes fueran una "princesa" y su acompañante; y a la derecha de Lizbeth (a la izquierda de la foto), una aburrida y mega enojona niña quien fuera la otra "princesa...
Cuando era niño, hubo un tiempo durante el cual, como actividad extra por las tardes y en vacaciones me "dedicaba" a bolear zapatos en la modalidad ambulante. Me sentía sumamente orgulloso de llegar a mi casa y poder contribuir con un litro de leche, o un kilo de tortillas o de huevo. Tenía mi propio cajón de bolear. ¡yo mismo lo fabriqué! Hice lo que se podía hacer con una piedra que hacía la función de martillo, un mini serrucho (que al parecer, alguna vez alguien quiso cortar algún tubo o tal vez PTR con él), unas tablas muuuy viejas que con mucha dificultad logré que mi abuela María me donara (que porque las estaba guardando para su gallinero... pero ahora que lo pienso creo que tal vez sí les estaba haciendo algún tipo de prueba científica para comprobar la resistencia de esas tablas al tiempo y a la intemperie... claro, ¡sin ningún tipo de acabado o recubrimiento!), y unos cuantos clavos oxidados que tuve que sacar de otras tablas, para luego enderezarlos hasta donde ...